Zen y muerte

 

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Asumiendo que una buena muerte está ligada a un proceso de asimilación y aceptación de la propia vida y la ayuda al bien morir ligado a los más altos valores éticos universales, hemos decidido analizar los beneficios ligados a la práctica de la meditación como una herramienta introspectiva que puede beneficiar al moribundo y a las personas en general, a prepararse para el momento final.
Para ello, hemos analizado algunos poemas de despedida de la tradición Zen conocidos como haiku, para tratar de adentrarnos en la perspectiva budista de la transitoriedad de la existencia como parte de la naturaleza. Enfatizamos en la importancia en el Budismo de ayudar a morir a una persona en un ambiente
amable y cómo Tanatología puede servirse de las enseñanzas budistas para ayudar al paciente a impulsar su bienestar físico y espiritual.

Para el sociólogo Louis-Vincent Thomas (1991), el modernismo contribuyó a eliminar o simplificar muchas prácticas funerarias, la cual se ha profesionalizado, centrándose cada vez más en la ayuda al moribundo y al consuelo de los familiares, lo que el autor define como una forma de renovación o rehabilitación de los rituales funerarios. 

Es esencial conseguir el nirvana a través del cultivo del prajna, es decir, “sabiduría” o “comprensión intuitiva”. De este modo, cuando hablamos del nirvana como un momento de Iluminación, estamos expresando la plenitud del prajna que permite ver el mundo con claridad sin negar la propia mortalidad, ni el sufrimiento que aflige a todos los seres en el samsara. La aceptación de este hecho existencial sería el
primer paso hacia la liberación.
Ver con claridad implica percibir la no permanencia de la existencia, lo cual implica la ausencia del sí mismo (anatman), es decir, libre de cualquier identidad o atributo permanente. Las escuelas budistas insisten en la meditación como la práctica más importante para alcanzar el nirvana.
El nirvana constituye el cese de la existencia y por lo tanto, el cese de la realidad que esa existencia constituye. Es un concepto que escapa a la comprensión humana, no es algo que se pueda definir. Así lo expresa el Udana 8,9:
El cuerpo ha sido aniquilado;
la percepción ha sido detenida;
todas las sensaciones se han enfriado;
los samskaras han cesado;
la conciencia llegó a su fin.

La historia del Paranirvana o nirvana final contenida en el Sutta Pitaka expresa las últimas palabras pronunciadas por el Buda antes de morir:
“Todas las cosas contingentes son no permanentes; esforzaos (hacia el nirvana) con diligencia.
No es fácil enfrentarse con la idea de la total desaparición del propio “yo”, a pesar de que es una meta que se busca con la conciencia de que conduce hacia la disolución del sufrimiento. Consecuente con sus enseñanzas, las representaciones artísticas de la muerte de Buda buscan plasmar un gesto sereno y compasivo, el gesto de quien ha logrado “extinguir” la llama del ego y asume con absoluta paz interior el
desprendimiento que comprende la existencia física y la disolución de la conciencia. 

Ananda, de quien se dice lloró desconsolado y fue confortado por el mismo Buda ante la inminencia de
muerte.
Podemos encontrar dichas expresiones enmarcadas en diversas representaciones del arte budista, sobre la muerte de Buda en la que se puede observar cómo sus seguidores reaccionan con diversos grados de pesar o serenidad, reflejando de este modo su propio progreso espiritual. Sí la persona es capaz de afrontar la muerte de un ser amado con serenidad, entonces está aceptando desde su interioridad que se
encuentra ante un hecho natural al que tarde o temprano se tenía que afrontar. 

Destacando que las representaciones del Buda en el momento de su muerte cuentan con características propias de las culturas de donde surgen, todas buscan trasmitir el ideal de desapego, calma y compasión que implica el haber alcanzado la liberación de las ataduras mentales que causan el sufrimiento. Así, la representación del Buda en el pasaje al paranirvana intenta reflejar el estado de desprendimiento absoluto
al que todo budista aspira y para lo que se prepara a largo de su vida. 

la stupa representa el camino de la iluminación del Buda. Estéticamente, representa su cuerpo, palabra y mente que enseñan al practicante el sendero del despertar y al que las personas acuden para encontrar su propio camino de liberación mediante la meditación. Es una metáfora visual con el cual pueden inspirarse. 

la enseñanza de anatman (sin sí-mismo) del Buda rechaza cualquier noción de una identidad intrínseca e invariable en el núcleo de una persona (como lo sería la existencia de un alma inmortal) al considerar la realidad como un proceso infinito en el que todo lo que existe no posee un ser propio, sino que deviene de un surgimiento condicionado o vacío.
Todos los actos intencionados del cuerpo, el habla y la mente producen consecuencias meritorias o demeritorias que determinarán la naturaleza de cada renacimiento tras la muerte, regulando el propio destino hasta que la persona alcance el nirvana y elimine el karma. Lo que diferencia a los seres humanos entre sí es el karma, responsable de las variaciones de los rasgos físicos, las capacidades mentales y
el carácter de las personas, sin embargo, como todos los fenómenos se encuentran en constante cambio, el destino personal es provisional y no puede determinarse de manera concreta de manera definitiva.  

Las acciones motivadas por la ignorancia y el deseo son consideradas las semillas del karma y mientras esta se genere, se considera inevitable renacer. Las enseñanzas budistas están orientadas a facilitar ese tránsito, no solo en el aspecto del bienestar físico, sino especialmente en el bienestar espiritual, el cual se incrementa gradualmente a lo largo de la vida a través del cultivo de moralidad (shila), la
meditación (samadhi) y la sabiduría (prajna).
El especialista en Budismo Allan Watts (1999) explica que siendo que el budismo cuenta con diversas escuelas que difieren en la interpretación y expresión de las enseñanzas de Buda, es importante resaltar que los practicantes budismo Zen, no creen en la existencia literal del ciclo de muerte y renacimientos.
El Zen concibe la existencia como una sucesión de momentos en la que lo único que existe es el presente. La liberación o satori se obtiene cuando la persona adquiere la conciencia de la insustancialidad y la impermanencia. La naturaleza esencial de la realidad es el vacío.


El célebre maestro Zen Hui-Neng (638-713 d.C), lo expresa de la siguiente manera:
Internamente sin identidad, externamente sin apego.
Si no hay yo, no puede haber nada que yo quiera.
Cuando yo no quiero nada, todo me sobra.
Siendo nadie.
¿Quién muere?

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